Bloque IV. Tema 4.1. Un mundo bipolar.

TEMA 7. UN MUNDO BIPOLAR.

1. EL NUEVO ORDEN INTERNACIONAL. LA ONU.
En las conferencias que tuvieron lugar durante la guerra, las tres grandes potencias aliadas consideraron necesaria la creaci贸n de una nueva organizaci贸n internacional tendente al 芦mantenimiento de la paz y la seguridad internacional禄. En junio de 1945, en la Conferencia de San Francisco, se fund贸 la Organizaci贸n de Naciones Unidas (ONU).
Los fines de la ONU, fijados en la Carta de la Naciones Unidas, son:
鈥 El mantenimiento de la paz y la seguridad internacional, oblig谩ndose sus miembros a buscar soluciones pac铆ficas a sus conflictos.
鈥 El reconocimiento del derecho a la libre determinaci贸n de los pueblos, en referencia a las colonias que formaban los grandes imperios.
鈥 El desarrollo y est铆mulo de los derechos y libertades.
鈥 El impulso a la cooperaci贸n pac铆fica en cuestiones econ贸micas, sociales, culturales, educativas y sanitarias.
En cuanto a su estructura, la ONU cuenta con tres 贸rganos principales:
鈥 La Asamblea General est谩 formada por todos los Estados miembros con igualdad de voto. Solo puede emitir 芦recomendaciones禄.
鈥 El Consejo de Seguridad est谩 integrado por quince miembros. Hay cinco miembros permanentes, los 芦cinco grandes禄 (Estados Unidos, Reino Unido, URSS. Francia y China), que, adem谩s, disponen del derecho de veto sobre cualquier decisi贸n. Los otros diez miembros del Consejo se eligen por periodos de dos a帽os. Los pa铆ses miembros de la ONU se comprometen a cumplir las decisiones del Consejo.
鈥 La Secretar铆a General est谩 formada por el secretario general, elegido por periodos de 4 o 5 a帽os. y los funcionarios de la organizaci贸n.
Tambi茅n existen otros organismos relevantes, como el Tribunal o Corte Internacional de Justicia con sede en La Haya y el Consejo Econ贸mico y Social, instrumento esencial en la cooperaci贸n pac铆fica entre las naciones, a trav茅s de sus organismos especializados (FAO, UNESCO, OIT, etc.).

2. LA BIPOLARIZACI脫N Y LA GUERRA FR脥A.

2.1. G茅nesis de la guerra fr铆a (1945-1947)

Caracter铆sticas de la guerra fr铆a
El concepto guerra fr铆a define el sistema de relaciones internacionales existente entre 1945 y 1991. Durante ese per铆odo el mundo se dividi贸 en dos bloques antag贸nicos, uno encabezado por Estados Unidos y el otro por la Uni贸n Sovi茅tica. Esta situaci贸n gener贸 un sistema bipolar que estuvo en vigor durante m谩s de cuarenta a帽os. Cada bloque representaba una diferente concepci贸n pol铆tica, econ贸mica e ideol贸gica:
鈥 El bloque occidental defend铆a un sistema pol铆tico democr谩tico, una econom铆a capitalista y una ideolog铆a liberal.
鈥 El bloque comunista defend铆a un sistema pol铆tico totalitario, una econom铆a planificada y una ideolog铆a marxista.
Sin embargo, ambos bloques no dudaron en apoyar reg铆menes contrarios a sus principios ideol贸gicos si con ello consegu铆an debilitar al contrario.
Las dos superpotencias intentaron mantener su seguridad y ampliar o proteger sus zonas de influencia utilizando todos los medios disponibles con excepci贸n del conflicto b茅lico directo, ya que este implicaba el uso de armas nucleares y, por tanto, la destrucci贸n mutua. Entre estas formas de enfrentamiento destacaron:
鈥 Una continua carrera de armamentos, especialmente en lo referente al arsenal nuclear, de forma que cada superpotencia dispuso de suficientes medios para destruir varias veces la vida sobre la Tierra.
鈥 La propaganda ideol贸gica.
鈥a subversi贸n y el espionaje del bloque contrario a trav茅s de los servicios secretos (CIA estadounidense y KGB sovi茅tico).
鈥 Las presiones pol铆ticas y econ贸micas tanto sobre los Estados aliados como contra los del bloque enemigo.
鈥 La guerra localizada en territorios perif茅ricos por los que ambos bloques intentaban expandir su dominio.
La ONU qued贸 maniatada por los intereses de las dos grandes potencias. Las pol铆ticas de colaboraci贸n y acuerdos fueron muy dif铆ciles en este contexto, pues primaba la desconfianza mutua. Sin embargo, la ONU sirvi贸 al menos como foro de debate entre los bloques y permiti贸 que existiese una comunicaci贸n continua entre ellos.
El final de la cooperaci贸n entre los aliados
La Segunda Guerra Mundial aceler贸 el declive de Europa. Los Estados europeos hab铆an quedado exhaustos tras el conflicto y carec铆an de los medios militares y econ贸micos para mantener su antiguo estatus de potencias mundiales. Por el contrario, la guerra supuso la consolidaci贸n de Estados Unidos y la Uni贸n Sovi茅tica como l铆deres de la pol铆tica internacional.
En 1945 parec铆a que se iniciaba un per铆odo de colaboraci贸n entre las dos grandes potencias victoriosas. La Conferencia de Yalta, la creaci贸n de la ONU, la firma de los tratados de paz con los pa铆ses derrotados y los juicio de Nuremberg parec铆an s铆ntomas de cooperaci贸n entre ambas.
Sin embargo, hab铆a desaparecido el 煤nico elemento que cohesion贸 realmente a las potencias aliadas: la existencia de un enemigo com煤n. Y apenas exist铆an otros v铆nculos entre ellas, pues se trataba de Estados muy diferentes, con l铆neas pol铆ticas, socioecon贸micas y estrat茅gicas muy distintas, incluso antag贸nicas. As铆, no tardaron en aparecer los desacuerdos.
Ya la conferencia de Potsdam puso claramente de manifiesto las diferencias de intereses entre ambos pa铆ses. Adem谩s, el fin del Acuerdo de Pr茅stamo y Arriendo por el que Estados Unidos daba un trato econ贸mico de privilegio a la Uni贸n Sovi茅tica, los distanci贸 a煤n m谩s.
El enfrentamiento fue gest谩ndose entre 1945 y 1946 para manifestarse abiertamente a partir de 1947. El primer desencuentro se produjo lejos del espacio europeo, en Ir谩n. En 1946 se acord贸 la retirada de las tropas aliadas que ocupaban el territorio iran铆, pero la Uni贸n Sovi茅tica se neg贸 a retirarse y mantuvo el control de algunas provincias del norte del pa铆s. Solamente la presi贸n estadounidense logr贸 el repliegue sovi茅tico. A los ojos occidentales esta actitud demostraba el ansia expansionista sovi茅tica.
El triunfo de la desconfianza mutua
La actitud de las potencias en Europa confirm贸 la ruptura.
En los pa铆ses de Europa oriental ocupados por el Ej茅rcito Rojo, todos los “movimientos pol铆ticos fueron reprimidos excepto los partidos comunistas, que obedec铆an los dictados de Mosc煤. Los gobiernos que se instalaron en estos pa铆ses estaban subordinados a la pol铆tica sovi茅tica. La URSS incumpli贸 de esta forma su promesa previa de convocar elecciones libres y dejar que las poblaciones de los pa铆ses liberados del nazismo decidiesen su futuro.
Los Estados de la Europa occidental se hallaban en graves dificultades econ贸micas. Ante el temor de que la crisis favoreciera la expansi贸n comunista. Estados Unidos reaccion贸. El presidente Truman anunci贸 en 1947 una nueva pol铆tica exterior estadounidense: los gobiernos europeos dispuestos a frenar la influencia sovi茅tica tendr铆an derecho a recibir la ayuda americana. Es lo que se ha denominado la doctrina Truman o doctrina de la contenci贸n
La respuesta de Stalin a la doctrina Truman fue cohesionar m谩s la zona de influencia sovi茅tica a trav茅s del control ideol贸gico. Este se manifest贸 en la doctrina Jd谩nov y en la creaci贸n de la Kominform (Oficina de Informaci贸n de los Partidos Comunistas) a finales de 1947.

2.2. La m谩xima tensi贸n (1948-1953).
Desde finales de 1947 la rivalidad entre las dos grandes potencias se convirti贸 en abierto enfrentamiento y se desat贸 una pugna por ampliar sus respectivas zonas de dominio. En 1948 se confirm贸 la divisi贸n de Europa en dos bloques. Pronto esta divisi贸n se ampli贸 a otras zonas de la Tierra.
La divisi贸n econ贸mica de Europa
Cada una de las potencias estableci贸 un sistema de colaboraci贸n econ贸mica en su zona para asegurar la dependencia de los pa铆ses que la integraban:
鈥 El Plan Marshall. El gobierno estadounidense dise帽贸 una estrategia para reactivar la econom铆a de los pa铆ses europeos que le eran favorables. Su secretario de Estado, George Marshall, propuso una generosa ayuda a la que se dio el nombre de Plan Marshall. El programa de ayuda se aprob贸 en 1948 por valor de 13.000 millones de d贸lares.
El Plan Marshall incluy贸 a casi todos los pa铆ses de Europa occidental, excepto Espa帽a, porque se consider贸 que la dictadura de Franco era un r茅gimen antidemocr谩tico. Los pa铆ses m谩s beneficiados fueron Reino Unido, Francia, Italia y Alemania occidental.
Estados Unidos persegu铆a dos objetivos: mejorar el nivel de vida en Europa y as铆 alejar el peligro revolucionario y mantener la demanda europea para evitar una crisis de sobreproducci贸n de su propia industria.
鈥 El COMECOM. La ayuda estadounidense no lleg贸 a los Estados de Europa oriental, pues Stalin rechaz贸 sus condiciones y presion贸 a los gobiernos de su zona de influencia para que hicieran lo mismo. Adem谩s, como respuesta al plan estadounidense, la Uni贸n Sovi茅tica cre贸 en 1949 el Consejo de Ayuda Mutua Econ贸mica (COMECOM), cuyo objetivo era coordinar las pol铆ticas econ贸micas de los pa铆ses de Europa oriental y establecer los mecanismos de asistencia mutua. Los pa铆ses que se adhirieron fueron la Uni贸n Sovi茅tica, Hungr铆a, Checoslovaquia, Alemania oriental, Polonia, Bulgaria, Rumania y Albania.
La crisis de Berl铆n
Tras la guerra, Alemania qued贸 dividida en cuatro zonas, cada una administrada por un pa铆s aliado: Estados Unidos, Reino Unido, Francia y la URSS. Berl铆n se encontraba en la zona sovi茅tica y, a su vez, hab铆a sido dividida en cuatro zonas administradas por los mismos pa铆ses.
En 1948 se celebr贸 la Conferencia de Londres, en la que Estados Unidos, Reino Unido, Francia y el Benelux acordaron la unificaci贸n de Alemania en un solo Estado, la Rep煤blica Federal de Alemania (RFA). Inmediatamente despu茅s las tres zonas occidentales de Berl铆n se unificaron.
Estas medidas contraven铆an los acuerdos de Yalta y Potsdam de 1945. La respuesta de Stalin fue el bloqueo terrestre de Berl铆n entre junio de 1948 y mayo de 1949. Berl铆n qued贸 aislado de las zonas occidentales de Alemania, lo que dio origen a la primera gran crisis de la guerra fr铆a.
Estados Unidos resolvi贸 la situaci贸n con la creaci贸n de un puente a茅reo que logr贸 abastecer la ciudad durante el bloqueo. La firmeza de la respuesta estadounidense, que, sin embargo, evit贸 cualquier gesto agresivo hac铆a la URSS, convenci贸 a Stalin de la inutilidad de la medida, y en mayo de 1949 levant贸 el bloqueo. Pero la URSS cre贸 en su sector de Alemania un Estado independiente del resto: la Rep煤blica Democr谩tica Alemana (RDA).
La creaci贸n de los bloques militares
El aumento de la tensi贸n llev贸 a los dos bloques a constituirse tambi茅n como alianzas militares para actuar de forma conjunta contra cualquier agresi贸n del enemigo.
El bloque occidental constituy贸 en 1949 la Organizaci贸n del Tratado del Atl谩ntico Norte (OTAN), firmada por Estados Unidos, Canad谩, Reino Unido, Italia, Francia, Pa铆ses Bajos, B茅lgica, Noruega, Dinamarca, Islandia, Portugal y Luxemburgo. Poco m谩s tarde, en 1952, se sumaron Turqu铆a y Grecia, y en 1955, la Rep煤blica Federal Alemana.
El primer objetivo militar de la Uni贸n Sovi茅tica fue conseguir desarrollar armamento nuclear para no estar en inferioridad con Estados Unidos. Lo consigui贸 en 1949, a帽o en que hizo estallar su primera bomba at贸mica. Una vez logrado esto, patrocin贸 una alianza militar con los otros pa铆ses comunistas europeos que sirviese de contrapeso a la OTAN. De esta forma, en 1955 se firm贸 el Tratado de Amistad, Cooperaci贸n y Asistencia Mutua, conocido como Pacto de Varsovia, ratificado por la Uni贸n Sovi茅tica, la Rep煤blica Democr谩tica Alemana, Polonia, Checoslovaquia, Rumania, Hungr铆a, Bulgaria y Albania.
La ampliaci贸n de los bloques
Pronto la tensi贸n internacional se extendi贸 a Asia por la presi贸n que las dos superpotencias ejercieron para ampliar su propia zona de dominio y restringir la del contrario. Los dos hechos m谩s significativos fueron la creaci贸n de la Rep煤blica Popular China en 1949 y la guerra de Corea entre 1950 y 1953.
China supuso un gran 茅xito para el bloque comunista. El pa铆s se encontraba en guerra civil desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Se enfrentaban el Partido Comunista Chino, que quer铆a instaurar un r茅gimen similar al sovi茅tico, y los nacionalistas del Quomintang, partidarios de una aproximaci贸n al bloque occidental.
En 1949, el Partido Comunista Chino tom贸 el poder y su secretario general Mao Zedong proclam贸 la Rep煤blica Popular China. A continuaci贸n, firm贸 un tratado de ayuda mutua con Stalin. Ello signific贸 un gran triunfo diplom谩tico y estrat茅gico para la Uni贸n Sovi茅tica.
Corea formaba parte del Imperio japon茅s antes de la Segunda Guerra Mundial. Tras la derrota japonesa en 1945 qued贸 dividida en dos Estados por el paralelo 38掳: Corea del Norte, vinculada a la Uni贸n Sovi茅tica, y Corea del Sur, dependiente de Estados Unidos.
La victoria comunista en China fortaleci贸 la idea del l铆der norcoreano Kim Il Sung de unificar la pen铆nsula. En junio de 1950 las tropas del norte invadieron el sur, y conquistaron con facilidad casi todo el territorio. Estados Unidos reaccion贸 inmediatamente y consigui贸 una resoluci贸n de condena del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en el que no estaba la URSS, y la autorizaci贸n para intervenir militarmente.
La contraofensiva estadounidense, dirigida por el general MacArthur, lleg贸 cerca de la frontera china, lo que impuls贸 a Mao Zedong a ayudar militarmente al r茅gimen norcoreano, mientras que la URSS se absten铆a de intervenir. El general MacArtbur propuso el bombardeo nuclear de China, por lo que fue cesado inmediatamente del mando.
Las fuerzas estadounidenses tuvieron que retroceder y el frente se estabiliz贸 a lo largo del paralelo 38掳. La incapacidad de ambos bandos para lograr una victoria sin recurrir al arma nuclear condujo a la firma del armisticio en 1953, acuerdo que confirmaba la situaci贸n existente al inicio del conflicto. Cerca de mill贸n y medio de personas hab铆an muerto para nada.
Las consecuencias del conflicto fueron destacables. Por un lado, el enfrentamiento signific贸 la extensi贸n de la guerra fr铆a al continente asi谩tico y, por otro lado, demostr贸 que cualquier iniciativa b茅lica pod铆a provocar una reacci贸n mayor del otro bloque, por lo que era necesario localizar y aislar los conflictos a fin de poderlos reconducir en un momento dado.
La ampliaci贸n de la zona de dominio comunista y el aumento de la tensi贸n en Asia hicieron que Estados Unidos impulsase la creaci贸n de tratados regionales de defensa. En 1954, se cre贸 la SEATO (Organizaci贸n del Tratado del Sudeste Asi谩tico) que agrup贸 a Australia, Francia, Reino Unido, Nueva Zelanda, Pakist谩n, Filipinas, Tailandia y Estados Unidos. Un a帽o despu茅s se firm贸 el Pacto de Bagdad (1955) entre Estados Unidos, Turqu铆a, Irak, Ir谩n, Pakist谩n y Reino Unido. Estados Unidos tambi茅n firm贸 tratados bilaterales con Taiw谩n, Corea del Sur y Jap贸n.
Adem谩s, el avance del comunismo tuvo tambi茅n consecuencias para la pol铆tica interior de los pa铆ses occidentales. En Estados Unidos se desat贸 una marea de anticomunismo cuyo m谩ximo exponente fue la caza de brujas patrocinada por el senador McCarthy y su Comit茅 de Actividades Antinorteamericanas. Miles de personas, sobre todo artistas e intelectuales, fueron acusadas de simpatizar con el comunismo y muchas perdieron su trabajo e incluso sufrieron prisi贸n por sus ideas pol铆ticas.
2.3. La coexistencia pac铆fica (1954-1975)
A partir de 1953 se inici贸 un relevo de los dirigentes de las dos grandes potencias. Eisenhower asumi贸 la presidencia de Estados Unidos y ese mismo a帽o muri贸 Stalin, al que sucedi贸 tres a帽os despu茅s Nikita Kruschev. Ambos l铆deres parec铆an m谩s dispuestos a la negociaci贸n que sus predecesores lo que inici贸 el deshielo de las relaciones entre ambas potencias.
Este cambio no solo ten铆a que ver con el nuevo talante de los pol铆ticos, sino que estaba motivado por nuevos factores que hab铆an aparecido en el escenario internacional.
鈥 En 1949 la URSS construy贸 la primera bomba at贸mica, lo que supuso el fin del monopolio nuclear de Estados Unidos. El riesgo de conflicto nuclear que se produjo durante la guerra de Corea llev贸 a ambas superpotencias a relajar la enorme tensi贸n internacional, temerosas de que un nuevo conflicto pudiese llevar a una guerra nuclear.
鈥 Algunos pa铆ses, especialmente del Tercer Mundo, expresaron su voluntad de no entrar en la pol铆tica de bloques y mantenerse en una posici贸n neutral respecto de las dos superpotencias.
鈥 Dentro de los propios bloques tuvieron lugar conflictos y movimientos internos que pusieron en riesgo su cohesi贸n.
A esta nueva etapa en las relaciones entre los dos bloques se le denomin贸 coexistencia pac铆fica. Sin embargo, esta 茅poca no estuvo en absoluto libre de conflictos. Las conversaciones entre las superpotencias se alternaron con per铆odos de enorme tensi贸n internacional que, en los casos m谩s graves, pusieron al mundo al borde del enfrentamiento nuclear. A su vez, las crisis eran seguidas de conversaciones y de reuniones de los respectivos l铆deres con el objetivo de promover el acercamiento pol铆tico y establecer acuerdos en diversos campos.
El primer conflicto en el que se pusieron a prueba los mecanismos de di谩logo de la nueva etapa fue la crisis del canal de Suez de 1956, en la que ambas potencias actuaron conjuntamente.
Frente a la enorme presi贸n de las superpotencias para ampliar sus respectivas zonas de control, algunos pa铆ses del Tercer Mundo mostraron su deseo de adoptar una posici贸n de neutralidad ante los dos bloques. Surge as铆 el movimiento de los no alineados.
En ambos bloque hubo conflictos internos. En el bloque comunista hubo movimientos populares contra el dominio que ejerc铆a la Uni贸n Sovi茅tica sobre sus pol铆ticas. Las m谩s importantes fueron la revuelta polaca y la revuelta h煤ngara y el movimiento de reforma checoslovaco conocido como la Primavera de Praga. Tambi茅n en el bloque occidental hubo discrepancias. El caso m谩s relevante fue el de Francia durante la presidencia de De Gaulle, que defendi贸 una pol铆tica equidistante de ambas superpotencias y que desarroll贸 un arsenal nuclear propio. La actitud de Estados Unidos frente a la disidencia fue mucho m谩s expeditiva en los pa铆ses de Latinoam茅rica. All铆 Estados Unidos intervino contra aquellos gobiernos que se alejaban de sus postulados pol铆ticos, unas veces promoviendo golpes de estado y otras veces apoyando y entrenando a guerrillas y ej茅rcitos de invasi贸n.
Los niveles de m谩xima tensi贸n entre los bloques fueron provocados por las crisis de Berl铆n, Cuba y Vietnam.
Desde finales de los ap帽os sesenta, el enorme gato que implicaba el mantenimiento de los costosos sistemas de armas nucleares comenzaba a pesar sobre las econom铆as de ambas superpotencias, por lo que era necesario frenar la carrera de armamentos y reducir los arsenales at贸micos.
La culminaci贸n de la nueva pol铆tica de entendimiento y distensi贸n internacional fue la Conferencia de Seguridad y Cooperaci贸n de Helsinki de agosto de 1975, entre representantes de 35 estados pertenecientes a la OTAN, al Pacto de Varsovia y pa铆ses neutrales.
2.4. Final de la guerra fr铆a.
El a帽o 1979 fue fundamental para el recrudecimiento de la tensi贸n entre las potencias. La revoluci贸n islamista en Ir谩n y la invasi贸n sovi茅tica de Afganist谩n tuvieron una fuerte repercusi贸n en Estados Unidos. Como consecuencia de esta crisis, la poblaci贸n estadounidense se distanci贸 de las pol铆ticas dialogantes del presidente Jimmy Carter y comenz贸 a reivindicar actuaciones firmes que devolviesen a su pa铆s la hegemon铆a internacional.
A mediados de la d茅cada de 1980 la agresiva pol铆tica estadounidense patrocinada por el presidente Reagan coincid铆a con una situaci贸n de debilidad en la URSS. Los grandes gastos militares y el estancamiento de la producci贸n hab铆an provocado una fuerte crisis econ贸mica en la Uni贸n Sovi茅tica que, adem谩s, ten铆a que hacer frente a la desastrosa guerra de Afganist谩n.
El rebrote de la tensi贸n y el aumento de la amenaza nuclear provocaron una gran preocupaci贸n en la poblaci贸n de los dos bloques. En los pa铆ses occidentales, especialmente en Europa, resurgieron con fuerza renovada movimientos de car谩cter pacifista y antinuclear que alcanzaren gran presencia popular y que se mostraron muy activos con frecuentes manifestaciones p煤blicas y actos de protesta. En el bloque comunista estos movimientos no pudieron tener una expresi贸n p煤blica a causa del control ideol贸gico y social, aunque s铆 que fomentaron un fuerte sentimiento de rechazo hacia el comunismo que estall贸 cuando el sistema dio las primeras muestras de debilidad.
La llegada, en 1985, de M铆ja铆l Gorbachov al poder en la URSS cambi贸 radicalmente la pol铆tica internacional sovi茅tica. El nuevo gobierno adopt贸 como una de sus prioridades el inicio de una pol铆tica de di谩logo con Estados Unidos con el objetivo de detener la carrera armamentista y rebajar el enorme gasto militar, que estaba repercutiendo muy desfavorablemente sobre la econom铆a sovi茅tica.
La primera manifestaci贸n del cambio de las relaciones fue la firma del Tratado de Washington (1987) para el desmantelamiento de los misiles de alcance intermedio. En 1989 la URSS retir贸 sus tropas de Afganist谩n. Poco despu茅s, el proceso de distensi贸n se confirm贸 con la retirada de las tropas sovi茅ticas de los pa铆ses de la Europa del este y la puesta en marcha de una apertura pol铆tica y econ贸mica en la Uni贸n Sovi茅tica.
La suavizaci贸n del control ideol贸gico y pol铆tico en casi todos los pa铆ses bloque comunista dio como resultado la inmediata aparici贸n de movimientos sociales favorables al establecimiento de sistemas democr谩ticos. En 1989 en los pa铆ses de Europa oriental se desat贸 una oleada de manifestaciones p煤blicas y de sublevaciones pac铆ficas que dieron lugar a las denominadas revoluciones democr谩ticas. Estos movimientos tuvieron como resultado la ca铆da en cadena de los reg铆menes comunistas europeos. El ejemplo m谩s simb贸lico de estos cambios fue la ca铆da del muro de Berl铆n en 1989 y la unificaci贸n de Alemania en 1990.
El movimiento democr谩tico se extendi贸 por casi todo el bloque comunista. En mayo de 1989 estudiantes chinos comenzaron una protesta a favor de la democracia que se materializ贸 en la ocupaci贸n de la plaza de Tiananmen. Pero el gobierno chino, asustado por lo que estaba ocurriendo en Europa, reaccion贸 con una enorme violencia, y el 3 de junio el ej茅rcito entr贸 en la plaza y acab贸 con la protesta causando centenares de muertos.
En 1989, poco despu茅s de la ca铆da del muro de Berl铆n, el nuevo presidente estadounidense George Bush (padre) y Mijail Gorbachov se reunieron en la cumbre de Malta y proclamaron oficialmente el inicio de una nueva era en las relaciones internacionales y el fin de las tensiones entre las superpotencias. Se puede considerar este momento como el final oficial de la guerra fr铆a.
En 1991 se produjeron dos hechos definitivos para la finalizaci贸n de esta etapa: la disoluci贸n del Pacto de Varsovia y la desintegraci贸n de la Uni贸n Sovi茅tica, que se dividi贸 en varios Estados. Con ello se pon铆a fin a la pol铆tica de bloques y Estados Unidos se convirti贸 en la indiscutida primera potencia del planeta. Aunque la OTAN no se disolvi贸, esta organizaci贸n abandon贸 su estrategia de confrontaci贸n con el bloque comunista y adopt贸 una nueva doctrina estrat茅gica basada en hacer frente a amenazas de distinta naturaleza.
2.5. La reorganizaci贸n de la pol铆tica internacional
Uno de los problemas que se plante贸 con el fin de la guerra fr铆a fue el del enorme arsenal nuclear existente y que ya no ten铆a ninguna l贸gica mantener. En este sentido se firmaron en 1991 los acuerdos START I, que plantearon la destrucci贸n de un tercio de los misiles intercontinentales con cabezas nucleares.
Tras la desintegraci贸n de la URSS, la situaci贸n m谩s peligrosa surgi贸 en las rep煤blicas exsovi茅ticas que continuaron poseyendo armas nucleares despu茅s de su independencia de Mosc煤 (Ucrania, Bielorrusia y Kazajst谩n). A su inestabilidad pol铆tica se sumaba una situaci贸n econ贸mica muy precaria que les imped铆a disponer de recursos para mantener estas costosas instalaciones. Las presiones rusas y estadounidenses sobre estos Estados dieron como resultado que Bielorrusia devolviese a Rusia sus misiles (1991) y firmase el Tratado de No Proliferaci贸n Nuclear; lo mismo hicieron Kazajst谩n en 1995 y Ucrania en 1996. Se intentaba evitar as铆 la difusi贸n incontrolada de este tipo de armamento.
Sin embargo, persist铆a, y a煤n hoy persiste, la cuesti贸n de la enorme cantidad de armas nucleares existente en los arsenales de las antiguas superpolencias. Un intento de reducirla se produjo a trav茅s del Tratado de Reducci贸n Nuclear (2002) entre Estados Unidos y Rusia. No obstante, la proliferaci贸n de armas nucleares ha continuado constituyendo un serio problema, porque existen otros pa铆ses con armamento nuclear (India, Pakist谩n, Israel, Corea del Norte…) y otros mantienen programas nucleares en la actualidad (Ir谩n).
As铆 mismo, el final de la guerra fr铆a y la divisi贸n del mundo en dos bloques no ha significado el final de los conflictos. En los 煤ltimos tiempos han surgido otros problemas, como la proliferaci贸n de armas de destrucci贸n masiva en diversos pa铆ses, nuevos conflictos regionales, el renacer de los nacionalismos en las zonas que pertenec铆an al bloque comunista.

3. LOS PROCESOS DE DESCOLONIZACI脫N.
3.1.- La liberaci贸n de los pa铆ses colonizados.
Entre los grandes procesos hist贸ricos que caracterizaron la segunda mitad del siglo XX, la descolonizaci贸n ocupa un puesto de enorme importancia. Fue la consecuencia directa de la crisis o de la desaparici贸n de las potencias coloniales europeas, tanto vencedoras como vencidas en la Segunda Guerra Mundial, pero no respondi贸 s贸lo a la voluntad hist贸rica ya madura de los pueblos oprimidos de liberarse de sus opresores, sino tambi茅n al 芦deseo de conferir a la reconquista de la libertad una forma moderna y capaz de obtener un reconocimiento universal禄. A este prop贸sito, conviene hacer dos consideraciones. La primera es que la liberaci贸n de los pueblos sometidos al poder colonial constituy贸 un hecho capital en la historia, ya que puso fin a la fase de conquista y dominaci贸n que hab铆an comenzado los europeos en los albores del mundo moderno, concluida en gran parte a finales del siglo XIX, salvo en el caso de las tard铆as incursiones del colonialismo italiano en Libia (1911-1912) y en Etiop铆a (1935-1936) y del franc茅s y el espa帽ol en Marruecos a partir de 1912. La p茅rdida de los imperios contribuy贸 de un modo tan determinante como simb贸lico a disolver lo que hab铆a sido durante siglos la 芦centralidad禄 europea. El Imperio espa帽ol hab铆a desaparecido pr谩cticamente durante el siglo XIX, pero la Primera Guerra Mundial y los tratados de la posguerra, a ra铆z de los cuales perdi贸 sus colonias Alemania, hab铆an conservado en su conjunto el sistema colonial. Sin embargo, los movimientos anticolonialistas y antiimperialistas -en muchos casos influidos por la derrota de la Rusia zarista a manos de Jap贸n en 1905, por la revoluci贸n que acaudill贸 Sun Yat Sen tras la ca铆da del Imperio chino en 1911 y por la revoluci贸n bolchevique- se vieron fortalecidos, especialmente en Asia. El principal protagonista del despertar anticolonial durante el periodo de entreguerras hab铆a sido el nacionalismo indio, liderado por Mohandas Gandhi y el Partido del Congreso, pero tambi茅n fueron importantes las corrientes nacionalcomunistas de pa铆ses como Vietnam y los movimientos nacionalistas 谩rabes, algunos de los cuales no buscaban s贸lo la libertad pol铆tica, sino tambi茅n el renacimiento de la religi贸n y la identidad isl谩mica. El debilitamiento de los imperios europeos en Asia durante la Segunda Guerra Mundial se debi贸, entre otras causas, al destructor ataque de los japoneses, que se proclamaban libertadores de los pueblos oprimidos a la voz de 芦Asia para los asi谩ticos禄, aunque en realidad pretend铆an imponer su hegemon铆a y expandirse por el continente. El colonialismo ten铆a su premisa b谩sica no s贸lo en la potencia material, sino tambi茅n en el prestigio de los dominadores blancos, pero las impresionantes victorias japonesas durante la primera fase de la Segunda Guerra Mundial hab铆an hecho tambalear aquel edificio hasta sus cimientos. A este prop贸sito ha escrito con acierto Eric J. Hobsbawm que 芦la demostraci贸n de que los Estados del hombre blanco pod铆an ser derrotados con verg眉enza y deshonor y de que las viejas potencias eran demasiado d茅biles, incluso despu茅s de una guerra victoriosa, para recuperar sus anteriores posiciones result贸 fatal para el antiguo colonialismo禄. En definitiva, todo estaba maduro para que el final de la guerra marcase el comienzo de un gran proceso de descolonizaci贸n.
El proceso adopt贸 fundamentalmente dos modalidades: la negociada y la violenta. Los principales cultivadores de la primera (con algunas excepciones importantes) fueron los ingleses, que ya en el periodo de entreguerras hab铆an tratado de establecer acuerdos con las 茅lites de las colonias y hab铆an emprendido la v铆a de un cauto reformismo; pero los franceses, los belgas y los portugueses -que conceb铆an la colonia como una proyecci贸n directa de sus sistemas estatales y la somet铆an a un r铆gido control burocr谩tico y militar- e incluso los holandeses -que hab铆an realizado con anterioridad varias aperturas de car谩cter reformista- optaron por la segunda y defendieron sus posesiones con las armas y hasta la derrota.
La primera oleada de la descolonizaci贸n posb茅lica (1945-1946) dio como fruto la independencia de Oriente Pr贸ximo, Filipinas, India, Pakist谩n, Birmania, Ceil谩n (la actual Sri Lanka), Indonesia, Indochina y gran parte del norte de 脕frica. Si la independencia de la India hab铆a representado en 1947 el mayor ejemplo de descolonizaci贸n negociada, la de Indochina fue todo lo contrario, porque los franceses no se retiraron hasta ser derrotados en 1954 por una guerra prolongada. La segunda oleada tuvo lugar durante la primera mitad de los a帽os sesenta y su centro fue 脕frica, donde alcanzaron la independencia, entre otros, pa铆ses como el Congo (antes franc茅s y belga) y Argelia. La independencia de este 煤ltimo pa铆s en 1962, conquistada mediante una guerra s贸lo comparable en ferocidad y duraci贸n a la de Indochina, fue el cap铆tulo m谩s tr谩gico del colapso del sistema colonial europeo y un ejemplo extremo de la decisi贸n francesa de negarse a aceptar hasta el 煤ltimo momento el fin de toda una 茅poca de su historia nacional, lo cual se entiende a煤n peor cuando se considera el arraigo y la abundancia de poblaci贸n francesa en el pa铆s africano. La tercera fase de la descolonizaci贸n estuvo marcada por la independencia de las colonias portuguesas de Angola y Mozambique en 1975, tambi茅n despu茅s de un prolongado conflicto militar, y por la de la colonia brit谩nica de Rodesia del Sur (la actual Zimbabue) en 1980. En la medida en que supuso el fin del sometimiento de los negros a la minor铆a blanca, podr铆an incluirse tambi茅n en el proceso de descolonizaci贸n la ca铆da del r茅gimen racista de Sur谩frica, a ra铆z de la abolici贸n del apartheid, la entrada en vigor en 1994 de una nueva Constituci贸n que introdujo el sufragio universal y la llegada al poder de la mayor铆a negra con el Congreso Nacional Africano, el partido de Nelson M谩ndela. Gracias a la superaci贸n negociada del r茅gimen racista, que evit贸 el temido ba帽o de sangre, se instaur贸 un sistema democr谩tico, y 芦despu茅s de m谩s de tres siglos de dominaci贸n, la minor铆a blanca admiti贸 la derrota y cedi贸 el poder a la mayor铆a negra禄.
3.2.- El Tercer Mundo
Los pa铆ses surgidos del proceso de descolonizaci贸n fueron y son a煤n un componente esencial de lo que el dem贸grafo franc茅s Alfred Sauvy bautiz贸 en 1952 con el nombre de 芦Tercer Mundo禄. La expresi贸n, que luego ser铆a de uso com煤n, tuvo dos significados distintos aunque relacionados entre s铆; en primer lugar, hac铆a referencia a los pa铆ses pobres y atrasados de Asia, 脕frica e Iberoam茅rica, escasa o decididamente no desarrollados; en segundo lugar, aunque no en un sentido riguroso, alud铆a tambi茅n a los pa铆ses no alineados ni con el universo occidental ni con el dominado por la Uni贸n Sovi茅tica, es decir aquella parte del mundo que hab铆a adquirido una presencia en la esfera internacional con la Conferencia de Bandung en 1955.
La expresi贸n 芦Tercer Mundo禄, que ha servido para trazar una frontera esencialmente 芦negativa禄, vale decir de 芦no pertenencia禄, denomin贸 durante casi medio siglo una realidad que se presentaba poco unitaria hacia mediados del siglo xx, pero que luego se hizo mucho m谩s rica y diferenciada. Tanto es as铆 que, poco a poco, algunos pa铆ses que pertenecieron a este grupo originalmente emprendieron, si bien con distintos resultados, el camino hacia el desarrollo. Los principales indicadores de la pertenencia al Tercer Mundo desde el punto de vista socioecon贸mico eran y son los siguientes: un exceso demogr谩fico respecto a los recursos disponibles, una agricultura pobre o muy pobre y una industria casi inexistente o por lo menos inapropiada, unos servicios muy precarios, unos intercambios comerciales desfavorables con los pa铆ses desarrollados y una onerosa deuda externa, un sistema de instrucci贸n insuficiente, una renta per c谩pita extremadamente baja y, en muchos casos, una concentraci贸n de la poblaci贸n en miserables barrios de chabolas, una gran mortalidad infantil y una vida media no comparable con la de los pa铆ses ricos. A todo esto podemos a帽adir que la mayor铆a de los pa铆ses del Tercer Mundo, sobre todo en el continente africano, han fracasado en la empresa (que en los pa铆ses desarrollados ha sido el fruto de procesos seculares) de dotarse de sistemas culturales, pol铆ticos e institucionales coherentes con el proceso de modernizaci贸n. En resumen, la caracter铆stica de los habitantes del Tercer Mundo es vivir en un 芦mundo distinto禄 al desarrollado.
Como se ha dicho, una serie de pa铆ses originalmente situados en el Tercer Mundo llevaron a cabo programas de desarrollo que, en su conjunto, dieron notables resultados, As铆 fue en los casos de China, India, Brasil y M茅xico, donde se realizaron con la decisiva intervenci贸n del Estado, que en los dos primeros -especialmente en el coloso comunista- se vio profundamente influida por el modelo sovi茅tico de industrializaci贸n planificada. En general, puede decirse que las pol铆ticas de nacionalizaci贸n y planificaci贸n desempe帽aron un papel relevante en los pa铆ses del Tercer Mundo. La India liderada por Nehru fue durante los a帽os cincuenta el pa铆s no comunista donde mayor peso tuvo una econom铆a no mercantil. En muchos pa铆ses, el dirigismo estatal, las nacionalizaciones y las expropiaciones respondieron no s贸lo a necesidades econ贸micas, sino tambi茅n pol铆ticas, en un intento de rescatar del control externo materias primas e importantes sectores de la producci贸n. Los pa铆ses que lograron los mejores resultados fueron los de dimensiones peque帽as o muy peque帽as, como los llamados 芦tigres asi谩ticos禄, es decir, Hong Kong, Formosa (Taiw谩n), Corea del Sur y Singapur, cuya expansi贸n industrial, basada desde un determinado momento en productos de elevado contenido tecnol贸gico, se desarroll贸 de tal modo durante los a帽os sesenta y comienzos del decenio siguiente que, a finales de siglo, los cuatro 芦tigres asi谩ticos禄 hab铆an abandonado el Tercer Mundo para integrarse en el mundo desarrollado. 脡ste continu贸 expandi茅ndose por Malasia, Tailandia, Turqu铆a, India y China, donde en el 煤ltimo decenio del siglo se produjo un gran salto productivo, especialmente en las zonas costeras, estimulado por las reformas de Deng Xiaoping, que lanzaron el llamado 芦mercado socialista禄 y facilitaron las inversiones extranjeras.
Considerando en su conjunto el camino recorrido por el Tercer Mundo en la segunda mitad del siglo, el balance arroja una mezcla de 茅xitos y fracasos. La gran esperanza que abrigaban los pa铆ses colonizados de caminar a marchas forzadas hacia el desarrollo nada m谩s alcanzar la independencia pol铆tica dio paso a desilusiones muy amargas. Pero tambi茅n se lograron resultados positivos con la mejora de las condiciones sanitarias, la dr谩stica disminuci贸n de la mortalidad infantil y el ascenso de las expectativas med铆as de vida y del nivel de instrucci贸n. Con todo, los resultados no bastaron -y 茅ste es el punto esencial- para acortar distancias con el mundo desarrollado, que entretanto aceler贸 su propio desarrollo y ampli贸 las diferencias. A mediados de los a帽os noventa la tasa de analfabetismo del Tercer Mundo se hallaba en torno al 30 por 100 (44 por 100 en 脕frica, 13 por 100 en Iberoam茅rica, 35 por 100 en Asia -excluida China- y 19 por 100 en China). Si se tiene en cuenta que los recursos culturales nunca fueron tan importantes como ahora para las t茅cnicas productivas y, en general, para la organizaci贸n de los recursos que necesita el desarrollo, se comprender谩 cu谩l es el precio econ贸mico y social de un retraso escolar de tales dimensiones. Remiti茅ndose con pleno acuerdo a las tesis de Max Weber, David S. Landes observa que 芦si la historia del desarrollo econ贸mico nos ense帽a algo es que la cultura marca la diferencia禄.
La conclusi贸n que podr铆amos extraer, en palabras de Pa煤l Bairoch, es que 芦el XX ha sido para el Tercer Mundo el siglo de la descolonizaci贸n, pero tambi茅n el de la acentuaci贸n de las diferencias econ贸micas con el mundo desarrollado禄

4. EL MUNDO CAPITALISTA Y EL MUNDO COMUNISTA.
4.1.- La etapa de confrontaci贸n.
Por su car谩cter global, por la amplitud de los recursos materiales y espirituales empleados y por su radicalismo ideol贸gico, pol铆tico y social, la confrontaci贸n entre el mundo occidental y el mundo comunista, que comenz贸 al iniciarse la guerra fr铆a y se prolong贸 hasta mediados de los a帽os ochenta, podr铆a compararse con el abismo que separ贸 el mundo cristiano del isl谩mico a lo largo de la Edad Media y la Edad Moderna. El hecho de que la trayectoria de la bandera roja haya sido mucho m谩s corta que la de la media luna no quita oportunidad al parang贸n. En ambos casos se trat贸 de un enorme reto entre mundos opuestos que se caracterizaban por la incompatibilidad de sus creencias y sus modelos de vida. El choque del comunismo con el capitalismo en la segunda mitad del siglo XX fue mucho m谩s general y profundo que la lucha entre los fascismos y sus adversarios, ya que los primeros no s贸lo duraron menos, sino que nunca ejercieron una influencia comparable a la del comunismo y, por otra parte, su antagonismo con los pa铆ses capitalistas democr谩ticos no afectaba a la esfera de las relaciones socioecon贸micas.
Cuando se observa la fuerza expansiva del comunismo, especialmente durante los veinte a帽os que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, la comparaci贸n con la conquista isl谩mica en la Edad Media parece pertinente. Debido a su alcance y a su intensidad, aqu茅lla produjo en el mundo occidental un estado de alarma tanto m谩s profundo cuanto que la influencia comunista se dej贸 sentir en pa铆ses no regidos por el comunismo, especialmente en Francia e Italia, y en todos los continentes.
En los primeros a帽os de la segunda posguerra, el mundo comunista, empujado por su credo milenarista, se presentaba como un futuro inevitable, en virtud de las leyes necesarias de la historia. La consolidaci贸n del Imperio sovi茅tico en la Europa oriental (con excepci贸n de Yugoslavia, que lo hab铆a abandonado en 1948) y la victoria de Mao en China, entonces estrechamente vinculada a Mosc煤, echaron los cimientos de un 芦mundo socialista禄 que, al menos superficialmente, parec铆a un gigantesco monolito en movimiento, Por su parte, el mundo capitalista se hallaba profundamente dividido; por un lado, hab铆a una Europa occidental 芦vieja禄 -marcada por la decadencia de su poder secular y gravada por el peso de unas clases dirigentes, en el caso de Alemania e Italia, con la agresi贸n militar, y, en el de Francia y Gran Breta帽a, con su entreguismo y su complicidad con el fascismo internacional, que hab铆an conducido a la cat谩strofe al Viejo Continente- y un Jap贸n arruinado por su pol铆tica imperialista; y por otro, estaban los Estados Unidos, un pa铆s 芦joven禄, en la cima de su potencia econ贸mica y militar, que confiaba en la superioridad de sus valores y sus instituciones. En este sentido, tanto los estadounidenses como los sovi茅ticos eran portadores de credos activos, aunque opuestos, mientras que Europa occidental estaba cansada e insegura de s铆 misma y se hab铆a convertido, con la presencia de fuertes partidos comunistas y corrientes filosovi茅ticas, en el principal escenario del gran enfrentamiento hist贸rico, y Jap贸n se dedicaba a superar la herencia de su aventura expansionista y a dotarse de nuevas instituciones.
Pocos a帽os despu茅s del establecimiento del 芦tel贸n de acero禄, los dos mundos contrapuestos, perdida la esperanza de que ocurriera un cataclismo interno en la parte contraria, comprendieron la imposibilidad de una nueva guerra mundial en la era at贸mica. As铆 pues, como ya se ha visto, la guerra fr铆a se convirti贸 en un 芦reto禄 a tiempo indefinido. Durante aquel desaf铆o, Occidente mostr贸 una creciente superioridad que, a fin de cuentas, iba a conducirlo a la victoria, mientras que el mundo sovi茅tico, tras un periodo de grandes 茅xitos a veces impresionantes, se vio envuelto en contradicciones ingobernables y en una situaci贸n de inferioridad que determin贸 su ca铆da final. Se trat贸 de un derrumbe s煤bito e imprevisto, sorprendente por su rapidez y su radicalismo, que demostr贸 que el monolitismo ideol贸gico, las instituciones pol铆ticas totalitarias y el colectivismo estatista y burocr谩tico no hab铆an sido factores de fuerza, sino, todo lo contrario, de debilidad, mientras que el pluralismo cultural y pol铆tico y la econom铆a de mercado basada en la competencia, dentro de un marco de regulaci贸n e intervenci贸n p煤blica, hab铆an aportado desarrollo y solidez al mundo occidental.
4.2.- Naturaleza de ambos mundos.
Uno de los datos fundamentales para comprender la naturaleza de los dos grandes 芦sujetos禄 en lucha era su relaci贸n entre 芦apariencia禄 y 芦realidad禄. En el mundo comunista, dado el car谩cter de las instituciones totalitarias, la apariencia cubr铆a por completo la realidad, la escond铆a y la mistificaba. La sociedad no se conoc铆a a s铆 misma, y la imagen de las oligarqu铆as estaba tergiversada por la propaganda del r茅gimen, para la cual la informaci贸n del estado real de las cosas era un privilegio y un secreto del grupo restringido que ocupaba el poder. Todo esto daba a los gobiernos comunistas la posibilidad de construir y comunicar una imagen de vigor y robustez que intensificaba el fanatismo de sus f铆eles, pero que con el paso del tiempo, a medida que se hac铆an evidentes las grietas del edificio, acab贸 por sembrar en la sociedad el escepticismo, el cinismo e incluso el desprecio. As铆 se destruyeron las bases del consenso. Las instituciones democr谩ticas occidentales y la econom铆a de mercado imped铆an, por su propia naturaleza, ese juego perverso con su consiguiente degeneraci贸n moral, social y pol铆tica. Naturalmente, tambi茅n all铆 las 茅lites en el poder ten铆an secretos y los guardaban, y no todas sus actuaciones en materia de pol铆tica interior y exterior estaban sometidas al control de la opini贸n p煤blica, pero las decisiones relacionadas con los grandes problemas eran objeto de debate democr谩tico y ning煤n gobierno pod铆a eludir el control de los parlamentos, de la oposici贸n y de los electores. Por su parte, los centros del poder econ贸mico se hallaban sujetos a los mecanismos de control inherentes al mercado y deb铆an compartir su poder con el mundo pol铆tico, con los partidos y las organizaciones sindicales. El resultado era que la sociedad se conoc铆a de un modo m谩s apropiado; que 芦apariencia禄 y 芦realidad禄 no pod铆an cristalizarse en entidades separadas y contrapuestas; y que los gobiernos representaban a los gobernados de un modo mucho m谩s aut茅ntico y eficaz que en los pa铆ses comunistas. El consenso inicial que obtuvieron los gobiernos comunistas de las masas trabajadoras y de amplios c铆rculos intelectuales se deterior贸 o adquiri贸 un car谩cter pasivo a medida que las promesas de bienestar fueron perdiendo fuerza o se vieron completamente frustradas, y la dictadura no fue s贸lo un instrumento del poder pol铆tico, sino tambi茅n de los estratos privilegiados en lo econ贸mico y lo social, que formaban una casta dominante,
El rasgo com煤n de los dos mundos fue, como ya se ha dicho, la subordinaci贸n a una de las dos superpotencias, las 煤nicas que disfrutaban de la soberan铆a en todas sus dimensiones y ten铆an capacidad para imponerla. Pero s铆 茅sta era la situaci贸n com煤n, las restantes condiciones eran cualitativamente distintas. La URSS ejerc铆a sobre sus pa铆ses sometidos un 芦dominio禄 f茅rreo, hasta el punto de convertirlos en aut茅nticos 芦sat茅lites禄, cuyos grupos dirigentes obedec铆an las directrices del grupo dirigente sovi茅tico y pagaban con la muerte o con la destituci贸n las desviaciones de la voluntad pol铆tica de la potencia directora. As铆 pues, el bloque sovi茅tico no se configuraba como una alianza, ni siquiera desigual, entre Estados, sino como un imperio enmascarado por la unidad internacionalista de la propaganda oficial, dentro del cual el pa铆s dominante controlaba con mano de hierro la pol铆tica, el ej茅rcito, los cuerpos de seguridad, la econom铆a y la vida social de todos los ciudadanos. Este tipo de unidad, que los comunistas presentaban como la soluci贸n de los tradicionales enfrentamientos entre Estados, pod铆a parecer un rasgo de excelencia, pero lo cierto es que constitu铆a un factor de debilidad, que, cuando no produc铆a una sumisi贸n servil, provocaba tensiones explosivas y fracturas irremediables que s贸lo la violencia del ej茅rcito sovi茅tico pod铆a recomponer.
El papel de gu铆a que ejerc铆an los Estados Unidos en el mundo capitalista occidental era muy distinto. Si en el caso de los pa铆ses asi谩ticos, africanos e iberoamericanos no dudaron en recurrir a las interferencias m谩s brutales y en dar su apoyo a reg铆menes autoritarios y dictatoriales de derechas para defender sus intereses como potencia, con los pa铆ses de la Europa occidental, que estaban decididos a mantener en su esfera de influencia (incluso preparando planes de intervenci贸n 芦excepcionales禄 de acuerdo con organizaciones secretas internas, como en el caso de Italia, pa铆s considerado en peligro por la existencia de un fort铆simo Partido Comunista, o apoyando el golpe de Estado de los 芦coroneles禄 en la Grecia de 1967), los Estados Unidos establecieron por lo general un v铆nculo de liderazgo activo, de hegemon铆a, muy distinto al de dominio que ejerc铆a la URSS en los pa铆ses sat茅lites. Aunque en posici贸n subordinada en el 谩mbito del enfrentamiento entre las dos superpotencias, los Estados occidentales eran aliados, disfrutaban de instituciones democr谩ticas (salvo Espa帽a y Portugal hasta mediados de los a帽os setenta y Grecia entre 1967 y 1974) y de una autonom铆a pol铆tica interior y exterior, especialmente acentuada en Gran Breta帽a y Francia, imposible de imaginar en el Este europeo.
Esta diversidad de las caracter铆sticas, que iba a distinguir en l铆neas generales al mundo oriental del mundo occidental, existi贸 desde el principio, es decir, desde los a帽os del inicio de la guerra fr铆a, de la consumaci贸n del abismo entre las dos Europas y de su reconstrucci贸n. Durante la posguerra, los Estados Unidos contribuyeron a la recuperaci贸n y el desarrollo de la democracia en la Europa occidental, y emplearon sus enormes recursos econ贸micos para fomentar un relanzamiento r谩pido y eficaz de la econom铆a de los pa铆ses desorganizados por la guerra. Fue sin duda una recuperaci贸n 芦vigilada禄 y condicionada por los americanos desde el punto de vista pol铆tico, a veces de un modo oneroso (sobre todo en el caso italiano), pero siempre gestionada por los gobiernos nacionales. Esta pol铆tica obtuvo un indiscutible consenso mayoritario, verificado en el proceso electoral, por parte de los pueblos interesados.
El car谩cter de las relaciones que estableci贸 la URSS en la parte del mundo que dominaba era radicalmente distinto a causa de dos elementos fundamentales: el primero era el car谩cter intr铆nseco del sistema totalitario sovi茅tico; el segundo, la situaci贸n de excepcional gravedad econ贸mica en la que cayeron la URSS y los pa铆ses del bloque sovi茅tico en la posguerra.
En la Europa oriental, la URSS estalinista, gracias a los efectos de la conquista y a su extraordinaria potencia militar, y con el apoyo activo de los partidos comunistas locales, export贸 sus instituciones, que se consolidaron en unos pocos a帽os tras la aniquilaci贸n de sus oponentes. Los gobiernos locales deb铆an imitar el 芦modelo禄 sovi茅tico, y todo aquel que resultara sospechoso de falta de celo, con raz贸n o sin ella. incluso siendo uno de los dirigentes en el poder, se convert铆a en v铆ctima de purgas despiadadas a imitaci贸n de las que hab铆a llevado a cabo el propio Stalin en la URSS de los a帽os treinta. Las 芦democracias populares禄 del Este europeo no fueron m谩s que la cobertura y la v铆a de acceso a las 芦dictaduras del proletariado禄, al monopolio pol铆tico de las oligarqu铆as comunistas, controladas a su vez por los sovi茅ticos. El comienzo de la guerra fr铆a contribuy贸 de un modo determinante a acelerar la sovietizaci贸n integral de la Europa del Este.
En cuanto a la dimensi贸n econ贸mica, la situaci贸n sovi茅tica era diametralmente opuesta a la de los Estados Unidos. Mientras que 茅stos hab铆an salido de la guerra sin una casa derribada, con una p茅rdida modesta de vidas humanas (poco m谩s de 200.000 muertos) y un sistema productivo en plena expansi贸n, la zona europea de la URSS (la m谩s desarrollada) era un cementerio industrial y agr铆cola, producto de la sistem谩tica pol铆tica de destrucci贸n del invasor nazi. La ca铆da demogr谩fica hab铆a sido tr谩gica por la p茅rdida de m谩s de veinte millones de hombres, de modo que el pa铆s deb铆a afrontar problemas de reconstrucci贸n de una amplitud y una gravedad excepcionales. A帽谩dase a esto el hecho de que los pa铆ses europeos sometidos a la Uni贸n Sovi茅tica, con las 煤nicas excepciones de Checoslovaquia y Alemania Oriental, pertenec铆an a la zona m谩s atrasada del continente y eran los que hab铆an padecido con mayor intensidad, sobre todo en el caso de Polonia, los efectos de la devastaci贸n b茅lica. En consecuencia, la reconstrucci贸n econ贸mica tanto de la URSS como de la Europa del Este fue mucho m谩s ardua que la de Europa occidental. Mientras que los Estados Unidos estaban en condiciones de hacer que fluyeran grandes recursos para conservar a los pa铆ses europeos en su esfera de influencia, la URSS tuvo que afrontar ante todo sus propias necesidades en condiciones desastrosas y, para ello, no dud贸 en extraer grandes cantidades de recursos de los ya empobrecidos pa铆ses del Este europeo. Todo esto condicion贸 desde el principio la naturaleza y el significado del enfrentamiento entre 芦Oriente禄 y 芦Occidente禄

Martes, 30 de julio de 2013
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